08/08/10

Cómodamente adormecida.

-¿Estoy muerta?- preguntó la chica.
-Aun no. Y eso yo lo sé y tú lo sabes porque en este momento el frío abriga tu cuerpo.
La chica miró su cuerpo que ha estado con ella desde el comienzo de su vida. Piernas largas y blancas, cadera ancha; pechos crecidos para amamantar y brazos largos para alcanzar las llaves.
-¿Qué hago aquí? Seguramente estoy en problemas.
-No lo estás- respondió -. Mirate al espejo.
Al fondo de la habitación apareció un espejo.
La chica se fue al rincón y observó su reflejo. No era ella. Tenía nariz y boca; dos ojos brillantes y vivos, con una frente amplia. Su cara pálida de una muerta que no era ella.
-No estoy sangrando. Lo sentí hace un momento. Algo salía de mi nariz y también de mi boca. Incluso podía ver el color con el contacto de mi piel. ¿Segura que no estoy muerta?
Se volvió y no vio a nadie más. Regresó a mirarse y en el reflejo estaba ella atrás. No se asustó.
-Muerta no estás. Viva tampoco. Así hay muchas personas que deambulan por el mundo. Muertas no están. Vivas tampoco.
La mujer que estaba atrás de ella tomó a la chica por los hombros y comenzó a realizarle un masaje. Con sus pulgares presionaba el cuello y hacía movimientos circulares. La chica se dejó llevar por el placer que sentía y cerró los ojos.
-Creí por un momento no estar viva. Creí por un momento en verdad estarlo.
El masaje se detuvo y las manos bajaron a la altura de los pechos. Los tomó al mismo tiempo y comenzó a sobar y masajearlos.
-¿Si estuvieses muerta no sentirías esto, verdad?
La chica soltó un gemido y la piel se erizó. Nunca nadie la hizo sentir semejante placer. "¿Cuándo fue la última vez que hice verdaderamente el amor?"
-Dime cómo te llamas y continua excitándome.
Las manos se detuvieron un instante y una voz femenina y dulce se escuchó en el oído de la chica.
-Soy la princesa de este sueño. Soy tu princesa de noche.
Luego siguió sobándole los pechos. Sus pezones despertaron y fueron pellizcados contínuamente.
-¡Ah! me duele- exclamó la chica.
-Te gusta- expresó la voz de la princesa.
Acercó sus labios al cuello y comenzó a besarlo apasionadamente, casi tiernamente.
-Tócame más. Hazme el amor. Hazme sentir mujer otra vez.
-No puedo hacer eso reina mía. No estás viva.
La chica abrió los ojos y seguía frente al espejo. Atrás de ella no había nadie. Las manos que tanto placer produjeron en sus pechos ya no estaban y los labios que besaban tiernamente se habían ido. Tampoco tenía frío ya.
-¿Princesa mía?
Nadie respondió.
Miró a su alrededor y no había nadie mas que la oscuridad. El espejo desapareció y una inmensa tristeza la invadió por todo su cuerpo. Se desvaneció y quiso llorar pero no pudo. Aún no la han perdonado.

2 comentarios:

Toust dijo...

A veces me gustaría que mostraras una pizca de interés. Que te preocuparas por lo que pienso. Que me preguntes cómo estoy el día de hoy. Que reflexiones con lo que sucede alrededor. Que fingieras que estoy presente. Que tus respuestas no sean monosílabas. Que dejes de mostrar esa frialdad que tanto me han acusado a mí de sobornar; una calidez de la que carezco.

Toust dijo...

Sólo a veces.
Solamente a ti.